Madrid-Moscú

Dice mi amigo Guillermo Salafranca, a quien esta exposición debe tanto, que en los últimos años no he pintado otra cosa que "Madrid-Moscús". No le falta razón y aunque hayan existido algunas tentativas de visitar otros territorios más templados, al final, cuando llega el momento de la verdad y de lo que se trata no es de pintar y exponer un par de cuadros sino quince o veinte,  vuelvo siempre a esta novela.


Novela pintada que se desenvuelve en un tiempo y en un espacio definido, los años treinta, y si bien las primeras entregas crecía al calor de una barriada familiar, los Cuatro Caminos, con el tiempo el viaje se ha hecho más cosmopolita.


El protagonista de mi anterior muestra, presentada en Barcelona en la Galería Alejandro Sales, "Frederic Feldman: El hombre invisible" (2002), era un fotógrafo alemán que, huyendo del nacionalsocialismo, se refugió en Madrid en 1934. El punto de partida, rigurosamente verídico, fue un recorte de prensa de la revista Mundo Gráfico que daba noticia de su llegada a Madrid. A partir de aquí mi fantasía, mis indagaciones y mis lecturas hicieron el resto. De la mano de Feldman presenté a nuevos actores, algunos ya tratados anteriormente, como Arthur Koestler ("Noticias de Madridgrado y otras fantasmagorías", Galería Siboney, Santander, 2001). lrrumpían también por vez primera en el teatro de operaciones Mijail Koltsov, Vittorio Vidali, Gustav Regler, Werner Hellbrun, Oito Katz, Willy Münzenberg, Emil Kléber, Hans Beimler, Luigi Gallo, Joris Ivens, Ernest Hemingway, Roman Karmen ... Muchos de ellos viejos conocidos desde los días de mi juventud comunista en la década de los setenta. Conocía sus leyendas y sus miserias, sus turbulentas vidas atravesadas por las dos grandes guerras europeas. 


Seguía a Katz y Münzenberg en las páginas de Koestler, y a Kléber, Beimler y Hellbrun en las de Regler. Koltsov habla de todos en su Diario español, un libro creo que malquerido por la mayoría de los historiadores y que, sin embargo, es, sin lugar a dudas, una de las grandes novelas de nuestra guerra civil.


Así, libro a libro, revista a revista, foto a foto, la luz iluminaba lejanos y olvidados rincones de una memoria difusa. Confundía mis recuerdos con los datos y los hechos que la documentación me contaba y me dedicaba a mezclarlos, barajarlos, fundirlos, enfrentarlos . También buscaba con fe durante meses una página improbable; unas veces la encontraba, otras no. Este juego, tenia su riesgo: al final uno termina viviendo entre fantasma del pasado y esto, que tiene sus ventajas, acarrea también inconvenientes.


En las Navidades del 2001 comencé a preparar esta nueva exposición. Eugenia Niño, mi galerista, me recordaba a menudo mi compromiso de presentar "algo" en Madrid durante la temporada 2003-2004. El calendario comenzaba a imponer su tiranía.


Tomé la decisión, bauticé mi propuesta "Madrid-Moscú" y decidí seguir tirando del hilo. Surgieron nuevos nombres: María Osten, Ludwig Renn, Egon Erwin Kisch, Ernst Busch, André Malraux, lan Berzin, Alexander Orlov, Enrique Castro Delgado, Luis Lacasa, Manuel Sánchez Arcas, Alberto Sánchez, llya Ehrenburg, Ovady Savich, César M. Arconada, José Luis Salado, Vladimir Gorev, Abraham Slutsky, Jesús Hernández ... Aparecieron también los hoteles. Al principio no les prestaba mucha atención, luego me mudé a sus habitaciones, husmeaba en el Gaylord's, en el Florida, en el Lux, en el Mediodía, en el Nacional, en el Baltchoug, en el Metropol; palacios de Invierno todos ellos de la Komintern.


Toda la trama de esta exposición se extendía entre Madrid y Moscú. Yo la recorría, tomaba mis notas, hacía dibujos, pintaba cuadros, tomaba apuntes, veía ir y venir a mis personajes atravesando fronteras, héroes allí, criminales aquí, y viceversa. Escritores, políticos, periodistas, traficantes, fotógrafos, artistas, espías, soldados, ingenieros, aviadores, héroes, matones, mártires ... Todos apostados frente al altar en el que oficia José Djugashvili, alias "lván Vasilievich", a!ias "Stalin", alias "el Padrecito".


Al final resultaban sacrificados de una u otra manera, físicamente muchos, espiritualmente la mayoría. Aquello no tenía remedio, la tierra nunca sería el cielo. Yo seguía mirando, me asomaba a mi balcón de los años treinta y lo que veía me producía fascinación y espanto. Aquí nacían estas pinturas.


(Texto del catálogo de la exposición publicado por la Galería Sen)

Madrid-Moscú. Hotel Siam


Galería Sen

Del 7 de noviembre

al 11 de diciembre

2003

Yo seguía mirando, me asomaba a mi balcón de los años treinta y lo que veía me producía fascinación y espanto. Aquí nacían mis pinturas.